jueves, 26 de abril de 2018

BREVE HISTORIA DE LAS BATALLAS DE LA ANTIGÜEDAD. EGIPTO-GRECIA-ROMA


DÍAZ SÁNCHEZ, Carlos: “Breve historia de las batallas de la Antigüedad. Egipto – Grecia – Roma”. Edit. Nowtilus. Madrid, 1917.

 Los guerras y los enfrentamientos armados, casi tan antiguos como la especie humana, fueron muy frecuentes en la Historia Antigua. A veces, fueron combates para defender el propio territorio, otras respondieron a las ansias de conquista y expansión,  los hubo para lograr la hegemonía del momento y, en fin, también sangrientas guerras civiles. Es bien conocido que la historia la escriben los vencedores que basan la legitimación de sus políticas y actos en la fuerza de las armas. Por ello, el desenlace de alguno de estos conflictos fue tan trascendental que llegó a cambiar el curso de la historia de algunos pueblos y civilizaciones.  En este ensayo divulgativo, Carlos Díaz, trata de las batallas más importantes que  tuvieron lugar en el Egipto faraónico, Grecia y Roma, durante casi dos mil años de historia. Analiza los principales enfrentamientos, deteniéndose, como es lógico, en los que tuvieron mayor trascendencia, como, por ejemplo, Megido, Qadesh, Guerras Médicas, Guerras del Peloponeso, Queronea, Granico, Isos, Gaugamela, Guerras Púnicas, Guerra de las Galias, Guerra Dacia, Actio, Adrianápolis… 


Para ayudar a entender estos conflictos, el autor los enmarca en su contexto histórico, explica sus causas y sus consecuencias tanto políticas como económicas y sociales y culturales. La obra ofrece detalles de las más importantes batallas: tropas y su organización, armamento, tácticas, decisiones de brillantes generales (Ramsés II, Temístocles, Epaminondas, Alejandro Magno, Aníbal, Publio Cornelio Escipión Julio César, Octavio, Trajano…por citar algunos), desarrollo, desenlace, anécdotas…. Acompañan al texto croquis del desarrollo de algunas batallas y doce mapas que ayudan a situar los acontecimientos en el espacio geográfico.


Hay que agradecer a Carlos Díaz que haya escrito, de una forma amena y teniendo en cuenta los últimos estudios, una obra de síntesis actualizada sobre los conflictos armados de la Antigüedad. La tarea no es fácil.


Como se indica en el título, el libro tiene tres partes claramente diferenciadas. La primera trata sobre las batallas de Egipto y Próximo Oriente. Durante muchos años, la actividad militar de la civilización egipcia se limitó a frenar los intentos de invasión de su territorio. No fue hasta la XVIII dinastía con Tutmosis III cuando Egipto comenzó a realizar conquistas. Este faraón guerrero realizó diecisiete campañas militares en Siria-Palestina en tan solo 20 años. De todas sus batallas, la más importante fue la de Megido, ciudad que capturó tras siete meses de asedio. Tutmosis III ordenó grabar su hazaña en los muros del templo de Amón en Karnak, lo que nos permite conocer los carros y armas empleadas. Tras un período de decadencia militar, Horemheb, Ramsés I y Seti I decidieron seguir la senda de Turmosis III y restaurar el poder egipcio en Canaán y Siria. Fue Ramsés II (s. XIII a. C.), un faraón formado militarmente, el que tras enfrentarse con éxito a los “pueblos del mar”, decidió hacerlo a los hititas. El más importante de sus triunfos lo obtuvo en la sangrienta batalla de Qadesh. El faraón hizo que se diese gran propaganda a esta batalla sobre cuya naturaleza y desenlace la historiografía actual introduce algunas dudas.


La segunda parte se ocupa de las guerras de la antigua Grecia. En primer lugar las Guerras Médicas que tuvieron su cronista en Heródoto, unos de los considerados “padre de la Historia”. Estas guerras tuvieron su antecedente en la revuelta y enfrentamiento de los jonios contra los persas. El autor describe con detalle la denominada Primera Guerra Médica que comenzó en el 491 a. C.: ultimátum  de Darío I a las ciudades griegas continentales, itinerario del gran ejército que el rey persa envió a Grecia y la gran victoria griega en la batalla de Maratón (490 a. C.). Los persas no olvidaron esta derrota así que prepararon otra expedición que dirigió Jerjes I, el sucesor de Darío. Es lo que se conoce como Segunda Guerra Médica. En la obra se describe con cierto detalle la ruta del enorme ejército de Jerjes, la formación de la Liga Helénica para defender el territorio, la batalla de las Termópilas (con la heroica defensa del paso a cargo de un puñado de hombres dirigidos por Leónidas), las acciones del ejército persa arrasando el Ática, Beocia y Tesalia, el refugio de la población de Atenas en las islas de Salamina y Egina, la toma de Atenas por los persas, la increíble victoria de Temístocles sobre la flota persa en la batalla de Salamina (480 a. C.), la batalla de Platea donde la alianza de varias ciudades griegas arrasó al ejército persa (esta fue la última batalla terrestre de esta guerra) y la victoria de la flota griega en la batalla de Micala.

Uno de los doce mapas incluidos en la obra
Un apartado muy importante ocupan las Guerras del Peloponeso, enfrentamiento entre Atenas (con sus ciudades aliadas asociada en la Liga de Delos)  y Esparta (con sus ciudades aliadas encuadradas en la Liga del Peloponeso) por conseguir la hegemonía sobre el territorio. Otro de los que se pueden considerar “padres de la Historia”, Tucídides historió estas Guerras en 23 libros, buscando las causas lógicas dejando de lado la intervención de los dioses. Estas Guerras  tuvieron tres fases. La primera se conoce como Guerra Arquidámica (432-429 a. C.) que en un primer momento fue favorable a la Atenas de Pericles, pero que a la muerte de éste la inestabilidad política de Atenas (además de la epidemia de peste) acabaron inclinando la balanza del lado de Esparta. Finalizó con la Paz de Nicias (421 a. C.). La segunda fase es la de la expedición a Sicilia. Ante la expansión de Siracusa, los embajadores de Sicilia pidieron ayuda a Atenas, ésta envió una gran fuerza. Acabó con un gran desastre para Atenas. La tercera fase se conoce también como Guerra de Decelia. Esparta tomó esta ciudad cercana a  Atenas que, además, vio se sublevaban muchas ciudades de su órbita. La crisis política que se desató en Atenas acabó con el sistema democrático. La guerra continuó, a pesar de algunos éxitos atenienses (como la batalla de las Arginusas), Esparta hizo capitular a la ciudad de Atenas y, con la ayuda de los persas, obtuvo una gran victoria naval en la batalla de Egospótamos (405 a. C.). Esparta se convirtió en la polis hegemónica del mundo griego.


El autor dedica un capítulo al auge de Tebas que, tras vencer a Esparta (batalla de Leuctra, 371 a. C.), impuso su hegemonía en Grecia central. Epaminondas fue el gran líder de este auge tebano, su muerte sumió a Tebas en una crisis de la que no pudo salir. La Mecedonia de Filipo II iba a tomar el relevo. Tras la conquista de varios territorios, Filipo venció a una coalición de griegos en la batalla de Queronea (338 a. C.). Fue el fin de la Grecia clásica.


Tras el asesinato de Filipo II, se hizo cargo del poder su joven hijo Alejandro. A la construcción de su imperio dedica Carlos Díaz el capítulo seis de este ensayo. Los éxitos de las falanges macedónicas iban a contribuir a la leyenda de Alejandro. Después de ser reconocido como dueño de Grecia, Alejandro comenzó su campaña contra la Persia de Darío III cosechando grandes éxitos: Gránico (334 a. C.),  Isos (333 a. C.), toma de Damasco y Tiro, control de Egipto (fundación de Alenadría),  Gaugamela (331 a. C.), conquistas de Babilonia, Persépolis, Susa… La victoria sobre el imperio persa fue total. Posteriormente, Alejandro inició su campaña en la India.


La tercera parte de la obra está dedicada a Roma. Desde el mismo momento de la fundación de la ciudad comenzaron los enfrentamientos, primero internos (Rómulo contra Remo) y luego con las ciudades y pueblos vecinos: con los sabinos (rapto de las sabinas),  Alba Longa, los etruscos, volscos… Con la república, proclamada tras el fin de la monarquía, se iba a continuar el enfrentamiento con los etruscos hasta la definitiva caída de Veyes y se iba a dar un paso más hacia la conquista de la Península Itálica: prolongadas guerras contra los samnitas y enfrentamiento con los griegos de la Magna Grecia.


El siguiente objetivo de la República iba a ser el control del Mediterráneo donde se iba a encontrar con Cartago. El autor va a describir con detalle el enfrentamiento de estos dos pueblos: son las conocidas como  Guerras Púnicas. El “casus belli” de la Primera Guerra Púnica fue la solicitud de ayuda cursada a Roma  por mercenarios Mamertinos de la ciudad de Mesana en el año 264 a. C. ante el ataque de Siracusa. Durante el conflicto, los romanos supieron neutralizar la superioridad naval de Cartago. La guerra tuvo muchas alternativas: éxitos de Cartago (batallas navales de Lípari y Drepana) y de Roma (batalla naval del cabo Ecnomo, desembarco en suelo africano, triunfo en el combate en los montes cerca de Adis, batalla de las Islas Egadas). La Guerra acabó con el Tratado de Lutacio (241 a. C.) por el que  los cartagineses se comprometieron a abandonar Sicilia.


Tras la guerra, Cartago envió a Amílcar Barca a la Península Ibérica donde sometieron a varios pueblos del sur. A Amílcar le sucedió su yerno Asdrúbal que firmó con los romanos el Pacto del Ebro para delimitar las zonas de influencia de ambos pueblos. En el 219 a. C. Anibal, sucesor de Asdrúbal, puso sitio y tomó Sagunto, aliado de Roma. Es el inicio de la Segunda Guerra Púnica. Aníbal se dirigió a Italia, cruzó sorpresivamente los Alpes y obtuvo unas sonadas victorias sobre los romanos: Trebia en el 218 a. C., Trasimeno (217 a. C.) y Cannas al año siguiente (gran victoria que Aníbal no supo aprovecha para atacar la ciudad de Roma). La situación de Aníbal en Italia se fue volviendo cada vez más difícil, su única esperanza era la llegada de refuerzos desde Hispania. Su hermano Asdrúbal pasó los Alpes, pero fue derrotado (y muerto) en la batalla del río Metauro (207 a. C.). Roma envió a Publio Cornelio Escipión a la Península Ibérica, tomó Cartago Nova y venció a los cartagineses en Baecula e ilipa, esta última batalla significó el fin de la presencia cartaginesa en la Península. Finalmente, Escipión desembarcó en África donde obtuvo un gran triunfo sobre Aníbal en Zama (202 a. C.). Aún tuvo Cartago un cierto renacer que despertó los recelos romanos, así que decidieron acabar definitivamente con la ciudad. Cartago fue tomada, arrasada hasta los cimientos y pasado el arado por su solar (146 a. C.). 


El capítulo 9 comienza analizando la Guerra de Yugurta, pero en su mayor parte está dedicado a las guerras instestinales que marcaron el inicio del fin de la República, especialmente el enfrentamiento entre Mario y Sila que, tras muchas alternativas acabó con el triunfo de Sila que se proclamó dictador.


En el capítulo 10 se estudian la rebelión de Sertorio contra Sila en Hispania y su derrota a manos de Pompeyo y el levantamiento de los esclavos dirigidos por Espartaco que acabó derrotado en la Batalla del río Silario. La mayor parte de este aparatado está dedicado a los éxitos y auge de la figura de Julio César: guerra contra los Helvecios (triunfo en la Batalla de Bibracte), campaña contra los suevos en las Galias, campaña contra los belgas (triunfo en la Batalla del río Axona) y, especialmente, la Guerra de las Galias que acabó con la derrota y captura de Vercingetorix, caudillo de los pueblos galos. César también se vio envuelto en un conflicto civil de hondas repercusiones para Roma: la guerra contra Pompeyo y sus seguidores. Este conflicto, que tuvo muchos escenarios, acabó con la rendición en los pompeyanos en la batalla de Farsalia (48 a. C.).


El asesinato de César llevó al poder a Octavio quien, tras acabar con su rival Marco Antonio en  la batalla naval de Actio (31 a. C.), acumuló el suficiente poder para proclamarse Augusto, el primer emperador de Roma. El autor analiza algunos de los hechos bélicos más relevantes del Imperio: la conquista del norte de Hispania, el desastre del romano Varo en el bosque de Teutoburgo ante las tribus germanas (gran humillación la pérdida de las insignias de tres legiones), la venganza romana conseguida por Germánico, las dos Guerras Dacias con los éxitos de Domiciano y Trajano (reflejados en la columna Trajana de Roma) que acabaron haciendo de Dacia una provincia romana.


Cierra la obra un capítulo dedicado a la descomposición del Imperio que no pudo contener el empuje de los pueblos bárbaros. Explica con detalle la derrota imperial en la Batalla de Adrianápolis (año 378) contra los visigódos. El Imperio romano nunca se repuso de Adrianápolis.


La obra en la Web de la editorial:


 

lunes, 16 de abril de 2018

LAS MUJERES EN LA ALEMANIA NAZI HASTA LA II GUERRA MUNDIAL


El Nacionalsocialismo fue un movimiento claramente machista. El potente movimiento feminista alemán, que tanto había contribuido a la emancipación de la mujer durante los años veinte,  fue considerado por los nazis como una obra del judaísmo destinada a pervertir a la mujer.
  
La ideología nazi consideraba a la mujer inferior al hombre y, por ello, reducía su papel a los ámbitos de esposa, madre,  ama de casa y de la iglesia. Para la mujer aria, ser madre era muy importante ya que tenía el compromiso de criar muchos hijos para la patria (se reguló el uso de anticonceptivos y se prohibió el aborto) a los que debía inculcar los valores nazis.

"La expresión "emancipación de las mujeres" fue creada por intelectuales judíos. Si el mundo del hombre pertenece al ámbito del Estado, su lucha, su entusiasmo por dedicar sus fuerzas al servicio de la comunidad, entonces podemos decir que el mundo de la mujer es un mundo más pequeño; porque el mundo de la mujer es su marido, su familia, sus hijos, su casa" Hitler en un discurso en 1934.

Para  preparar a las mujeres para sus cometidos domésticos organizaron un plan educativo y de adoctrinamiento para las chicas  desde edades muy tempranas. Igualmente, organizaciones femeninas nazis (como la Liga Nacionalsocialista de Mujeres) actuaban por todo el Tercer Reich para, a través de charlas y cursos, enseñar a las alemanas a cuidar de sus hijos y a realizar todas las labores domésticas (cocinar, coser, planchar, decorar el hogar...).

En la imagen, una portada de la revista NS-Frauen-Warte editada por la Liga Ncionalsocialista de Mujeres.

Los nazis trataron de apartar a la mujer de la vida laboral fuera del hogar, tanto de las fábricas como de otras  profesiones. Bien es verdad que, cuando estalló la Guerra, ante la falta de mano de obra, muchas mujeres se incorporaron a la producción industrial. 

Las mujeres sufrieron una fuerte discriminación, por ejemplo se limitó a un 10 % el número de mujeres matriculadas en las universidades (alegando que, para su principal cometido, no necesitaban una educación universitaria); igualmente se vetó su acceso al ejercicio de  determinadas profesiones y actividades como la medicina, la abogacía..

Las organizaciones femeninas nazis dependían del NSDAP,aunque su papel en el Partido  y en la vida política fue de segunda fila, por ejemplo, no podían acceder a los cargos importantes del Partido.

sábado, 14 de abril de 2018

SIETE AÑOS DE GUERRA EN SIRIA, CERCA DE MEDIO MILLÓN DE MUERTOS Y MÁS DE CINCO MILLONES DE DESPLAZADOS

Hoy nos despertamos con la noticia del bombardeo de Siria (uno más) por tropas de EE.UU., Fracia y Reino Unido. La reacción de Rusia va a marcar la evolución de los acontecimientos y las posibles consecuencias. 

BBC Mundo dedica un artículo a este conflicto en el que se aborda la situación de Siria antes del conflicto, los inicios de las protestas contra el régimen de Al Asad, la extensión del conflicto, los grupos combatientes, la intervención de las potencias internacionales, las graves consecuencias para la población siria....

http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-37451282

 

miércoles, 11 de abril de 2018

EDUCACIÓN, CULTURA Y ARTE EN LA ALEMANIA NAZI

El Estado controló totalmente la educación, la cultura, el deporte y el arte a los que se propuso "nazificar". El 13 de marzo de 1.933 se creó el Ministerio del Reich para la Educación del Pueblo y la Propaganda que, dirigido por Goebbels, se encargó de este control.  En enero de 1934, Hitler, tal vez para contrarrestar el poder de Goebbels,  nombró a Rosenberg delegado del Führer para la educación espiritual e ideológica del pueblo alemán. Desde este puesto podía controlar lo que se publicaba en el país (otro de los objetivos del régimen)

La educación fue reorganizada: los programas educativos fueron revisados en profundidad, los libros de texto reescritos, los profesores fueron controlados ideológicamente.... El gran objetivo era inculcar los valores nazis en los jóvenes alemanes. Los profesores se debían afiliar a las organizaciones del Partido (Liga Nacionalsocialista de Maestros la que estaban afiliados el 97 % de los maestros en 1937) y debían acudir a cursillos ideológicos intensivos, aparte de estar sujetos a las leyes raciales. Hubo un buen número de profesores expulsados de la carrera docente (judíos, marxistas, poco fiables políticamente...).

Mein Kampf se convirtió en la estrella orientadora de la pedagogía.
“... Fundándose en esta convicción, el Estado racista no particulariza su misión educadora a la mera tarea de insuflar conocimientos del saber humano; no, su objetivo consiste, en primer término, en formar a hombres físicamente sanos, en segundo plano esta el desarrollo de las facultades mentales y aquí, a su vez en lugar preferente, la educación del carácter y sobre todo el fomento de la fuerza de voluntad y de decisión, habituando al educando a asumir gustoso la responsabilidad de sus actos, sólo después de todo esto viene la instrucción científica”
“... Del mismo modo que el Estado racista tendrá un día que dedicar la máxima atención a la educación de la voluntad y de la fuerza de resolución, deberá igualmente, desde un comienzo, imbuir en los corazones de la juventud la satisfacción de la responsabilidad y la fe en su credo ideológico...
"...También la ciencia tiene que servir al Estado racista como un medio hacia el fomento del orgullo nacional. Se debe enseñar desde este punto de vista no solo la Historia Universal, sino toda la historia de la cultura humana. No bastará que un inventor aparezca grande únicamente como inventor, sino que debe aparecer todavía más grande como hijo de la nación. La admiración que inspira todo hecho magno debe transformarse en el orgullo de saber que el promotor del mismo es un compatriota. Del innumerable conjunto de los grandes hombres que llenan la Historia alemana, se impone seleccionar los más eminentes para inculcarlos en la mente de la juventud, de tal modo que esos hombres se conviertan en columnas inconmovibles del sentimiento nacional...
La culminación de toda labor educacional del Estado racista consistirá en infiltrar instintiva y racionalmente en los corazones y los cerebros de la juventud que le esta confiada, la noción y el sentimiento de raza. Ningún adolescente, sea varón o mujer, deberá dejar la escuela antes de hallarse plenamente convencido de lo que significa la puridad de la sangre y su necesidad. Además, esta situación desde el punto de vista racial, tiene que alcanzar su perfección en el servicio militar, es decir, que el tiempo que dure este servicio hay que considerarlo como la etapa final del proce-so normal de la educación del alemán en general...." Mein Kampf

https://culturacolectiva.com/historia/11-principios-de-la-propaganda-nazi-que-se-siguen-utilizando-actualmente/
Estas directrices fueron recogidas por el Ministro del Interior, W. Frick, cuando en mayo de 1933 estableció los principios básicos de la nueva escuela alemana en el "Diario de los profesores alemanes". Fue Bernhard Rust, al frente del Ministerio de Ciencia, Educación y Cultura, quien sería el encargado de adaptar el sistema educativo existente a los objetivos del nuevo régimen nacionalsocialista.

La escuela pública era obligatoria para los niños de 6 a 10 años, gratuita y pública (las escuelas privadas fueron eliminadas paulatinamente). Cuando terminaban la escuela básica, los niños completaban su educación en otros tipos de escuelas diferentes según una selección previa: Volkschulen (escuelas populares), Mittelschulen (escuelas medias), o Gymnasium, que era la más prestigiosa.


El 22 de septiembre de 1.933 se creó la Cámara de Cultura del Reich, también presidida por Goebbels, que se componía de siete subcámaras controladas por otros tantos hombres fuertes del Partido. Su finalidad era controlar a artistas y escritores. La persecución de intelectuales y artistas se inició en Prusia. Ya en abril de 1933 apareció la primera lista de autores prohibidos en el Reich, contenía más de 150 nombres (muchos de ellos con su obra completa). La lista fue creciendo hasta abarcar 12.000 títulos. Hay episodios concluyentes de la actitud de los nazis respecto a la cultura, por ejemplo la famosa quema de libros en mayo de 1.933 (en varias ciudades fueron quemados libros rechazados por el nazismo de autores tales como T. Mann, Einstein, E. Zola, Proudhom, H. G. Wells...), la quema más famosa fue la de Berlín (Goebbels pronunció un gran discurso señalando que el acto tenía un gran valor simbólico, era la quema del espíritu de Weimar, de las cenizas resurgiría, como ave Fénix, el nuevo espíritu alemán.

Paralelamente se llevó a cabo una purga de obras de arte moderno que, de modo general quedó como proscrito.  Rosenberg llegó a calificarlo de “mestizo”. Se retiraron escultura y pinturas de artistas como Picasso, Cezanne, Van Gogh, Rembrandt, Kandinsky, Munch, pintores de las corrientes fauvismo o dadaísmo…  Fueron algunos de los artistasy movimientos calificados como “degenerados” por el régimen nazi. Hitler consideraba que su arte no transmitía los ideales del nazismo y que sus obras eran fruto de una fantasía enfermiza.


Ante esta política, destacados miembros de la ciencia, la cultura, el espectáculo comenzaron a abandonar Alemania. Entre ellos científicos como Einstein y algunos otros como, por ejemplo, los que contribuyeron a lograr fabricar la bomba atómica.  “Mientras se me permita elegir, sólo viviré en un país en el que haya libertades políticas, tolerancia e igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. La libertad política implica la libertad de expresar las propias opiniones políticas verbalmente y por escrito; la tolerancia implica el respeto por todas y cada una de las creencias individuales. Estas condiciones no existen en Alemania, hoy. Quienes más han hecho por la causa de la comprensión internacional, entre quienes se encuentran muchos artistas, sufren, en ella, persecución..." Einstein, marzo de 1933.



Es verdad que otros científicos importantes, entre ellos varios Premios Nobel de Física, colaboraron con el régimen.


Escritores como T. Mann, K. Mann, B. Brecht; artistas como Marlene Dietrich; filósofos como E. Bloch, K. Jaspers, H. Marcuse, L. Marcuse; pintores como A. Kaufman, G. Grosz, compositores...etc. también eligieron el camino del exilio.

En la imagen, el portentoso Pabellón alemán en la Exposición Internacional de París (1937) fue construído por A. Speer, el arquitecto de Hitler. El edificio está coronado por un águila sobre un esvástica de 9 metros de alto. Representa el ideal de la arquitectura nazi.




También se controlaron los medios de comunicación. El jefe del Departamento de Prensa del Ministerio de Educación fue Hans Fritzsche, hombre de entera confianza de Goebbels. Se monopolizó la radio (“con la radio controlaremos la opinión pública” Goebbels) y se controló hasta tal punto la prensa que hoy nos maravilla su alto grado de uniformidad. El gran miedo de los periodistas fue más efectivo que la propia censura (autocensura). Los redactores debían de ser de raza aria y no debía publicar nada “que debilitase la fuerza del imperio alemán”. La prensa extranjera que atacaba al régimen estaba prohibida en Alemania.


El Régimen se propuso organizar a la juventud para  su adoctrinamiento en los valores nazis. Tras pasar por la escuela primaria, los niños, a los diez años, entraban en la organizacione de Jóvenes de donde a los 14 años pasaban a las Juventudes Hitlerianas hasta los 18 años en que pasaban a Servicio de Trabajo o alistarde en las Fuerzas Armadas. Los miembros de las Juventudes Hitlerianas combinaban el deporte y ejercicios al aire libre con la educación ideológica. El número de miembros de las Juventudes Hitlerianas creció mucho desde 1933 (gráfico adjunto). Los miembros de las Juventudes Hitlerianas debían jurar lealtad al Führer y a la patria. Se seleccionaban a los jóvenes más prometedores a los que se daba  una educación muy disciplinada en escuelas muy prestigiosas (Napolas), con objeto de prepararlos como futuros cuadros dirigentes del Partido.




La niñas entraban en organizaciones nazis a los 10 años donde estaban hasta los 21 en dos etapas separadas por los 14 años. La más importante de estas organizaciones fue la Liga de Jóvenes Alemanas. A los 18 años debían cumplir un año de servicio en granjas.

Se organizaron Ordenes de Caballería, muy apreciadas por Himler. Estaban inspiradas en las ordenes de caballería teutónicas medievales. En cuatro castillos se impartían cursos de ideología, formación política, formación militar y preparación atlética.

El gobierno puso mucho interés en los JJ OO de Berlín 1936 que habían sido concedidos a eta ciudad un lustro antes. Hitler, en un principio, quería renunciar, pero Goebbels le convenció de que serían un buen escaparate para demostrar al mundo el potencial del pueblo alemán, sus logros y, también, la superioridad de la raza aria. La delegación alemana fue la más numerosa y el resultado de sus atletas fue excelente (ver medallero adjunto).

Antisemitismo en los Juegos Olímpicos de 1936: ¿fue EE.UU. cómplice de Hitler?
Ceremonia de apertura de los JJ OO de Berlín, 1936
Diez primeros países en el medallero de los JJOO de Berín, 1936. Fuente Wikipedia:


Hitler llevó muy mal que Owens, un atleta de raza negra, ganase cuatro medallas de oro, estableciese tres records olímpicos e igualase otro. Parece que Hitlerabandonó el estadio para no tener que saludar a Owens.

Foto: Jesse Owens en Berlín 1936
https://www.elconfidencial.com/deportes/juegos-olimpicos/2016-08-03/rio-curiosidades-juegos-olimpicos-historia-origen_1242036/



miércoles, 4 de abril de 2018

BREVE HISTORIA COTIDIANA DEL ANTIGUO EGIPTO (CLARA RAMOS)


RAMOS BULLÓN, C.: “Breve historia de la vida cotidiana del Antiguo Egipto. Costumbres, cultura y tradiciones”. Editorial Nowtilus. Madrid, 2018


Si ya es difícil historiar la vida cotidiana de pueblos de la antigüedad debido a la escasez documental, lo es más hacerlo de una civilización que ha perdurado más de tres mil años durante los cuales han cambiado y evolucionado notablemente sus formas de vida, costumbres y tradiciones, en algunos casos de forma notable. Por ello es de agradecer este documentado ensayo de Clara Ramos con el que ha conseguido acercarnos a la vida cotidiana, costumbres, creencias, ritos funerarios y cultura de hombres y mujeres del Antiguo Egipto. La civilización egipcia ha suscitado como pocas un gran interés continuado entre amantes de la Historia y público en general; bien es verdad que este interés se ha centrado más en el mundo de los faraones y clases altas y sus fastuosas tumbas y templos. Sin embargo, para conocer la vida en el Antiguo Egipto es necesario acercarse también a la cotidianeidad de colectivos de las clases más bajas: trabajadores de las pirámides, artesanos, comerciantes, agricultores, pescadores, sirvientes, etc., y entender cómo trabajaban, se alimentaban y vestían, dónde vivían, cómo se relacionaban socialmente y en familia, cómo enterraban a sus muertos, etc. Mostrar estos aspectos es uno de los grandes méritos de esta obra. La autora ha manejado, además de una amplia bibliografía y publicaciones de diversa índole, fuentes primarias muy variadas: objetos y decoración de tumbas y templos, inscripciones jeroglíficas, papiros, restos arqueológicos, objetos rescatados de naufragios, fuentes literarias antiguas, etc.


El ensayo se estructura teniendo como referencia el calendario egipcio que data de los primeros faraones, sus tres grandes estaciones (inundación, siembra, cosecha o sequía) dan pie a los tres grandes bloques de la obra de tres capítulos cada uno que se relacionan con alguna festividad o ceremonia importante.


La estación de la inundación (luminosa de ajet) es el momento en que el Nilo se desborda inundando y, a la vez, fertilizando los campos. En el primer capítulo, relacionado con la salida de la rutilante estrella Sirio, la autora se ocupa de algunos de los oficios más representativos: mineros (detalla los métodos de extracción del oro), canteros (explica los métodos de extracción de la piedra de las canteras), trabajadores de las pirámides, pintores de los conjuntos arquitectónicos funerarios o religiosos (describe sus herramientas, los pigmentos, las técnicas, colores más comunes),
Resultado de imagen de escriba sentado
Escriba sentado, Museo del Louvre. Datado en la V Dinastía (en torno a 2450-2325 a. C.) Ilustración en la obra
arquitectos (la mayoría anónimos, aunque conocemos con detalle la vida y obra de algunos como Imhotep o Amenhotep), escultores de madera, piedra y metal (materiales empleados, herramientas y técnicas), albañiles cuya principal labor era fabricar adobes, escribas (profesión muy valorada que iba precedida de una cuidada formación), funcionarios, médicos (profesión de prestigio muy relacionada con la religión y la magia, tenían escasos conocimientos de anatomía aunque conocían los principales órganos del cuerpo y algunos huesos), etc.


La festividad de los muertos, que giraba en torno a la figura de Osiris, abre el segundo capítulo dedicado a todo lo relacionado con la muerte y los ritos funerarios. Se explica el proceso/ritual de momificación que se fue perfeccionando con el tiempo (conservar el cuerpo era esencial para la supervivencia en la vida eterna), la evolución de los retratos funerarios (desde los primitivos en vendas de yeso hasta los de El Fayum), el funeral (cortejo fúnebre, formas de los ataúdes, ajuar, introducción en la tumba, banquete fúnebre), el viaje al más allá para el que el difunto contaba con la ayuda del Libro de los Muertos (colección de fórmulas que hacían referencia a los obstáculos y peligros que debía sortear el difunto hasta alcanzar la vida eterna), el juicio de Osiris en la Sala de la Doble Verdad. Detalla los principales tipos de tumbas de los faraones y clase alta (pirámides, mastabas e hipogeos) y cómo fueron evolucionando, fijándose en algunas en concreto como las pirámides y algunas necrópolis (Valle de los Reyes, Valle de las Reinas).


La ceremonia de elevar el pilar de djed, que simboliza la estabilidad y la perdurabilidad y se relaciona  con la ceremonia de renovación del faraón, introduce el último capítulo de esta estación  en el que se trata de la ciudad. La planificación urbanística era escasa, abundaban las calles estrechas y el hacinamiento. En cambio, las ciudades que surgen en torno a las grandes obras funerarias están más planificadas, presentan un plano ortogonal. Dedica unas líneas a las casas populares (de madera y adobe) y a los muebles (mesas, sillas, taburetes, camas, armarios, baúles…). Finaliza este capítulo con un análisis de cómo eran las ciudades mejor conocidas: Tebas, Tell El-Amarna y Alejandría.


La siguiente estación es la de la siembra (naciente de peret) que dura otros cuatro meses. La referencia a la diosa Rannut, divinidad asociada a la alimentación, la cosecha y la fertilidad, abre el primer capítulo de esta estación que trata de la agricultura y el sector primario. Los productos agrícolas eran la base de la alimentación de los egipcios. Su supervivencia estaba ligada a que la inundación de las tierras de cultivo por las aguas del Nilo fuera suficiente, pero no tan generosa que inundara zonas habitadas. Los egipcios construyeron canales y diques para extender el área inundada y nilómetros por todo el territorio para medir el nivel de la crecida. La autora describe las labores de  la siembra, los aperos, los cultivos principales (trigo, cebada y lino), la cosecha, el riego (del primitivo cigonal a la noria ptoloméica), etc. También se ocupa de otras actividades del sector primario: ganadería (estabulada y en libertad), pesca en el Nilo, lagos y estanques (útiles y modalidades), caza y, apicultura.


La festividad y procesión de Neit (una diosa considerada inventora del tejido) abre el segundo capítulo de esta estación dedicado a la moda, la estética y el cuidado del cuerpo. Describe la vestimenta masculina y femenina (de lino y lana principalmente), las pelucas que utilizaban tanto hombres como mujeres,  las joyas con que se adornaba la clase aristocrática (pendientes, diademas, collares, brazaletes, pectorales, cinturones, tobilleras, coronas reales… de oro lapislázuli, amatista, ámbar, cristal de roca), el cuidado personal del cuerpo, el uso y elaboración de cremas, ungüentos y otros productos de belleza.


El tercer capítulo de esta estación, introducido por la fiesta Heb Sed o de renovación real, está dedicado a las diferentes clases sociales y sus posibilidad de ascenso y caída. Comienza tratando la figura del faraón que es el centro de la sociedad y el representante de los dioses en la tierra, especifica sus funciones ligadas  al mantenimiento del equilibrio y la justicia, a la defensa del reino y a promover el culto a los dioses. No se olvida de la familia real, especialmente la reina y el príncipe heredero (incluyendo la ceremonia de su acceso al poder). Por debajo del faraón en la escala social, se situaba la aristocracia, una clase privilegiada que detentaba los altos cargos en la administración, el ejército y el clero. De entre los cargos políticos destacaba el de visir en quien delegaba el faraón muchas de sus funciones. Trata también de la clase sacerdotal cada vez más poderosa, del estamento militar que no se organizó como tal hasta el Reino Nuevo (organización, jerarquía, armamento, uniformes, remuneración y recompensas) y de la los cuerpos de policía. Acaba el capítulo con unas líneas dedicadas  al inferior de los escalones sociales, destacando el papel de los mercaderes.


El tercer bloque es el de la estación de la cosecha (de la abundante shemu). El primer capítulo introducido por la fiesta de la salida del dios Min (divinidad relacionada con la lluvia, la vegetación y la fertilidad) está dedicado a exponer los hábitos alimentarios de los egipcios. Llama la atención la variedad de su dieta con productos procedentes de la agricultura, la caza, la pesca y de importación. El pan era su alimento esencial, las decoraciones de las tumbas nos ilustran sobre los métodos de su elaboración. La cerveza (diferente a la actual) también era de consumo cotidiano. Además componían su dieta verduras, legumbres (especies similares a las actuales), frutas, carnes rojas y blancas (la más apreciada era la de buey que consumían las clases altas), caza (perdices, codornices, liebres…), pescado (especialmente consumido por para los habitantes del Delta y de El Fayum), queso, mantequilla, dulces muy variados… Como se ve muy variada y moderna. El vino fue una bebida de lujo hasta que se popularizó con los Ptolomeos. Explica cómo condimentaban estos alimentos con sal y diversas plantas aromáticas. No podían faltar unas líneas para informar cómo eran los recipientes de cocina y útiles como cucharas, cuchillos… La gran cantidad de escenas de banquetes en tumbas dejan constancia de cómo cambiaron los hábitos de la postura para comer, de sentados en el suelo a sillas.


La fiesta para conmemorar la unión entre Horus y Hathor sirve de excusa para tratar de la vida conyugal. No existía una formalidad religiosa o jurídica para el matrimonio, únicamente se requería el mutuo acuerdo y la cohabitación. El objetivo principal del matrimonio era tener hijos. La mortalidad era muy alta durante el parto y en los primeros años de la infancia (se utilizaban amuletos para proteger a los niños). Sorprenden las curiosas pruebas de embarazo y los anticonceptivos empleados. Los roles de hombres y mujeres dentro del matrimonio estaban perfectamente definidos. Tampoco estaba regulado el divorcio cuyas causas más frecuentes son la infertilidad, infidelidad de la mujer o la búsqueda de una unión con clases más altas en caso de ascenso social. La autora escribe sobre la importancia dada a la lactancia,  los juguetes,  la educación de las clases más altas en las escuelas de los templos, también de las prácticas sexuales, la prostitución, la homosexualidad que no estaba bien vista socialmente. Cierran el capítulo unas líneas dedicadas a las mascotas (perros, gatos, monos y babuinos…) a los que las clases más pudientes llegan a embalsamar.
 


Heru-renpet son los cinco días que se añadían al calendario, eran conocidos como los del nacimiento de los dioses. El último capítulo del libro está dedicado a la religiosidad de los egipcios y a sus dioses. A pesar de que la religión era esencial en la vida del pueblo, la mayoría no tenía acceso a los templos, podían preguntar al dios a través de unas orejas talladas en los muros exteriores. Inserta una serie de dibujos muy ilustrativos de cómo eran representados dieciocho dioses y su relación entre ellos (ver imagen adjunta). Explica los cuatro mitos más importantes que tratan de explicar el origen del mundo. Acaba el capítulo con unas líneas dedicadas al templo egipcio: escrupulosa elección de su ubicación, rituales de fundación, evolución de las plantas, materiales, tipos de columnas (papiriformes, lotiformes, palmiformes, hathoricas), decoración, partes que componen el templo clásico (desde el cercano embarcadero hasta el sanctasantorum donde se alojaba la estatua del dios).

Esquema de un templo egicio. Ilustración incluída en la obra, pág. 302
 

Completan y ayudan a explicar el contenido muchos ejemplos, imágenes, dibujos, cuadros sinópticos, fragmentos de textos antiguos y algún mapa. Finaliza con una amplia bibliografía.


En resumen, una obra escrita de forma rigurosa, de amena lectura, llena de hechos y anécdotas muy curiosas que ayudará a conocer un poco mejor el día a día de los egipcios.


Página de la obra en la Web de la Editorial: 

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